Las bicicletas en el verano de Ezcaray

Publicado el 29 July 2009
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Canuto tiene un taller a rebosar junto al Puente de la India. Canuto vive allí, en el primer piso. En la planta de abajo están las motos, los recambios, las bicis, … Canuto arregla motos y bicis y te alquila por horas algunas de sus mejores piezas. No son muy nuevas pero están siempre bien ajustadas. ¿Cuánto cobras por una hora, Canuto? Un duro, dice.Por eso, el otro domingo, no me preguntes cómo había juntado mis cinco pesetas, fuimos a andar en bici. En alguna ocasión, para aprender, ya había practicado con la de mi padre que tiene barra y en la que hay que pasar una pierna por debajo.La postura es de risa.Uno no tiene ni medio metro y estira los brazos para llegar al manillar que está allí y a la vez con los pies en los pedales y la vista al frente intenta trazar una dirección y más parece un velero que otra cosa, así todo inclinado.Pero uno lo intenta y prueba y poco a poco va cogiendo su ritmo.Las calles, aquella tarde, estaban prácticamente desiertas, era verano y los paseos suelen hacerse a partir de las siete.Entre las cinco y las seis, una hora, un duro, las bicis de Canuto planean por las calles, libres, veloces, como nuevas.Puede haber una salida de cadena, un callejón demasiado estrecho que te obliga a tocar el suelo o el timbre. La acumulación de sensaciones es desbordante, es el cielo, es el paraíso, es domingo: el Marichu, la iglesia, la calle nueva, la Mantequilla, La Fuente de la Paz, Tenorio,la plaza de arriba, la de la Verdura, y vuelta a empezar.

Cuando mi padre me puso encima de la bicicleta, él me iba sujetando el sillín con una mano. Luego,ya había alcanzado una cierta velocidad y posíblemente me solté, o quizás vio, mi padre, que ya iba bastante suelto y que no podía seguirme, y desde lejos me daba instrucciones. Pero yo sólo veía la rueda delantera. Obligado por una fuerza extraña recorrí la calle entera,la González Gallarza, entre el jardín y la casa siempre semicerrada de los de Brasil, entre el pórtico y la casa de la Blanquita. Delante tenía la carretera y la atravesé sin verla.Acabé empotrado en el inmenso castaño de indias que abría el paso a la iglesia.

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