SAN LORENZO IGUAL A TENORIO

Publicado el 5 August 2008
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Todo empieza el 9 de agosto a las doce.


Las campanas de la iglesia se echaban a sonar y automáticamente, desde el patio de las escuelas, salían los gigantes.Una mezcla de música y campanas se apoderaba del aire que respirabamos. La fiesta consistía en rodear a músicos y gigantes y danzar con ellos. Pero había que evitar los zurriagazos insistentes de los cabezudos empeñados así en animar el cotarro. Eso era todo, casi todo. Luego venían las paradas planeadas en cada una de las plazas, los descansos, los intercambios en el arrastre de los gigantes, los convites en los bares…


Ya por la tarde, vestidos de domingo nos vamos a Tenorio, tilos, césped, bancos, frontón, y su quiosco veraniego de música, y su barra de bar ocasional. Decir San Lorenzo era decir Tenorio y las casetas y las diferentes atracciones de la feria, imprescindibles, y que estos días se habían apuntado. Las de más éxito: las de tiro, la tómbola, las sillas voladoras, y la churrería.


El día de San Lorenzo el orden era el siguiente:Por la mañana, tras el pasacalles matinal con gigantes y cabezudos incluidos, misa solemne con posterior procesión. Las procesiones en Ezcaray son todo un rito. No se trata de ver pasar la procesión. Hay que ir de procesión, hacer todo el recorrido. Luego los vermuts, la comida festiva. Y por la tarde, primero los partidos de pelota, luego la música y, por la noche, los fuegos artificiales.


Los partidos de pelota. Alrededor del frontón se habían añadido algunas filas de sillas y bancos que complementaban a los de piedra, permanentes. No quedaba ningún hueco libre. Se cruzaban algunas apuestas. Los pelotaris escogían aquellas pelotas que mejor iban con su juego. ¿Y quiénes eran? Los que yo recuerdo: Los hermanos Perdiguero haciendo pareja y Pepito el vinatero, el hijo de la Sabina. Seguro que hubo otros. Pero estos son los que yo recuerdo.Todos de blanco y con el cinturón rojo o azul. El marcador en el lateral, cantando a mano cada uno de los tantos.


La música la ponía la propia banda de Ezcaray con Monje a la cabeza o alguna orquesta contratada para la ocasión. Esta opción era más habitual por la noche. Así que entre las casetas de tiro, las peroratas de la tómbola, el olor de los churros recién hechos y los pasodobles de la banda iba pasando la tarde. El frontón, el de arriba, servía de pista de baile, amplia y perfecta, para la ocasión.Tenorio era la fiesta. Todo quedaba perfectamente distribuido y armonizado. Junto al pueblo y a la vez en su espalda. Nadie se quejaba de la ubicación. Todo lo más, si algún año aparecía la lluvia la fiesta se trasladaba a la plaza de arriba y quedaba deslucida. A pesar del fresco de la noche, Tenorio era el lugar perfecto.


Los fuegos artificiales se iniciaban con una serie de cohetes al cielo. Luego, cohetes y fuegos fijos haciendo formas diversas se alternaban con ritmo casi musical. Ooohhhhssssss, aaaahhhhssss, se sucedían sin parar. Estábamos boquiabiertos. Sobre todo los críos que desafiantes, ocupábamos los primeros lugares. La cascada, las bombillas de colores subiendo o bajando, las ruedas de fuego interminables, y por fin, con su parrilla en la mano, milagrosamente, se nos aparecía el santo en su celestial marco de fuego.


En el día de Santa Paciencia todo más o menos era lo mismo, era la oportunidad de repetir, de saborear nuevamente la fiesta:pasacalles, música, vermuts, Tenorio, partidos de pelota, la carrera de puente a puente, la subida a Santa Bárbara, música, feria, churros, fuegos, y …, el toro de fuego.


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