LOS MUNDOS OCULTOS

Publicado el 4 July 2008
Archivado en EL RÍO DE LAS RATAS, EZCARAY, LAS ERAS, RINCONES OCULTOS, SAN FELIPE | Salir del comentario

Varios eran los mundos ocultos en Ezcaray. Los jóvenes que son quienes entienden de eso pronto localizan unos cuantos. Entonces los lugares ocultos eran: el río de las ratas, la glera, las eras, San Felipe, la estación…

Del río de las ratas ya he hablado. Allí se producían algunas de nuestras peleas más habituales. Daba igual el motivo. El caso es que allí la única ley era la nuestra.

Una de las espaldas del pueblo fueron las eras:Ligeras campas en las que cuando tocaba, se trillaba, se aventaba la paja, … Quizá me quedaba algo lejos de casa y por ello no fueron muchas las veces que fui hasta allí. Pero entrar por la calleja de las monjas y llegar hasta la tapia desde la que se divisaba Santa Bárbara tenía el placer de la novedad. Desde allí se podía ya atravesar por una ligera abertura en la pared y coger una estrecha senda que te dejaba en las eras. Escondite perfecto. Casi siempre estaban vacías y el sol permitía relajarte con tranquilidad. Allí cayo el primer pitillo clandestino de Ducados, los primeros ensayos con el humo que se traga o no.

Y la glera. La glera permitía en diferentes épocas del año todo tipo de experimentos.La glera es todo el río pero para mí se encontraba entre el puente Canto y el puente de Canuto. Más abajo estaba el basurero oficial. Por arriba el río se volvía impersonal hasta el muro del molinero en el que más de una vez, en verano, solíamos bañarnos. Para tomar el sol el truco consistía en hacerse una buena cama de piedras planas sobre las que poder tumbarse como el rey del mundo.

La glera era el lugar perfecto para los botes de carburo y para la pesca clandestina de truchas. Meterse en el agua y palpar cuidadosamnte por debajo de las piedras. Ellas deberían estar allí, embobadas, fogueando, … Pero rara vez se dejaban sorprender y si alguna vez conseguías tocar alguna, era tan fácil que se te escapara…

¿Qué se podía buscar entonces en la basura? Ni lo recuerdo. Pero en la glera, debajo del puente, se almacenaba una considerable montaña de desechos a la espera de una buena riada que se los llevase y en ella luchabamos unos y otros por no ser destronados con todas nuestras fuerzas. Fuera de mi castillo de plásticos y ladrillos,…Las varas del mimbre que crecía por todas partes eran tan flexibles que inevitablemente todos veíamos en ellas arcos sacados de alguna película de indios. Si alguna cosa sobraba, y sobra, en la glera eran piedras. A la mínima se preparaba una batalla campal. Todos teníamos la puntería de Robin Hood o de Daniel Boom. Si la cosa transcurría de forma pacífica aún nos entreteníamos haciendo puentes en alguna de las pozas qe salteaban el curso desigual del río. En septiembre tocaba comerse las moras. No había costumbre de hacer mermeladas pero sí que cualquier paseo servía para ahorrar alguna merienda. Curiosa también era la planta del jabón. Con sorpresa y expectación frotabas sus flores entre tus manos humedecidas y allí brotaba,magia, la espuma jabonosa buscada.

La estación, cuando aún circulaban los trenes también tuvo su atractivo.

El rincón diario fue, era, San Felipe. La imprudencia de las autoridades municipales nos permitió entonces, durante años, jugar en un espacio lleno de peligros. Enormes piedras amontonadas de cualquier forma, permitian a nuestra imaginación saltar de cielo en cielo.

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