SER ADULTO EN EZCARAY

Publicado el 2 December 2007
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No llegaba el día en el que uno fuese considerado como adulto. Y uno quería ser mayor. Hacerse hombre. En Ezcaray, esto, pasaba por saber beber. Ya sé que también por fumar. Pero, entonces, no sé ahora si las costumbres son las mismas, había que aprender a beber. Acompañaba uno a su padre en alguna de las rondas que habitual y espontáneamente se formaban y te iban dando primero un sorbo para probar. Como fuese el caso que pusieses cara de desagrado venía una segunda fase en la que te apuntabas a los mostos. Pero a lo que uno se tenía que acostumbrar era al vino. Lo del mosto tenía que ser transitorio. La cerveza entonces era poco frecuente y no había costumbre de chatear con cerveza. Para ir entrenando, algunas de las meriendas, deliciosas, eran una rebanada amplia de pan empapada en vino y cubierta con azúcar. Si al principio uno acompañaba a su padre de bar en bar, pronto, lo que correspondía era formar la propia cuadrilla e imitar a los mayores yendo, igualmente, de bar en bar y tomando un vino tras otro. Había que intentar acompañarlo con una buena tapa y siempre intentaba uno seguir el consejo de no beber con el estómago vacío. Con tantos riesgos y todavía en periodo de aprendizaje, era lógico que más de una vez, la mayoría de las veces, llegase uno a casa tan mareado como una peonza. Así era crecer en Ezcaray hace cuarenta años.

Y otra de las formas de ser mayor era ir a cazar. Primero acompañabas a tu padre o a algún tío. Si aguantabas y te ibas aficionando te dejaban hacer algún disparo. Y en casa podías colaborar en la fabricación de los cartuchos (del 12) y en el mantenimiento de la escopeta. Todo un ritual: pólvora, tapas, pistones, postas, perdigones, la maquinilla que les daba el acabado final, … Pronto podrías sacar tu licencia y tener tu propia escopeta. El día de caza empezaba con un buen madrugón. Aún era de noche y, sigilosamente venía tu padre a decirte que “parriba” . Esa era la primera prueba para poder demostrar hasta qué punto estabas realmente aficionado. No siempre la superé. Luego había que almorzar, preparar unos buenos bocadillos, la bota, … Para cuando salía el sol había que estar en lo alto del monte y bien abrigado. En esto de la caza me fui perdiendo por los pasos intermedios.

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